El Repertorio de San Sebastián Lemoa

y otras composiciones de la Guatemala colonial

 

Este trabajo presenta la edición y registro sonoro de las composiciones contenidas en el Vocabulario quiché, escrito en 1726, las cuales son una muestra de las corrientes e influencias, tanto metropolitanas como indígenas, que modelaban la vida cultural de las comunidades locales guatemaltecas en el siglo XVIII. El dominio de instrumentos musicales y, eventualmente, de las técnicas de composición musical observado en la población que habitaba las áreas de doctrina, fue principalmente producto de la estrategia de penetración de los frailes en las áreas de evangelización. Las órdenes religiosas concedieron a los hijos de las noblezas nativas la facultad de administrar las prácticas devocionales a nivel local y, además de conferirles diversos privilegios, les proveyeron de la educación y del conocimiento necesarios para el manejo de las matemáticas, la lectura, la escritura, así como de otros elementos de la cultura española. Dentro de éstos, a la música le fue otorgado un énfasis especial, debido al interés que la misma despertaba entre los habitantes del Nuevo Mundo, lo que la convertía en un instrumento eficaz para la propagación de la fe católica.

 

Las composiciones contenidas en el Vocabulario quiché son un testimonio de que la música jugaba un papel importante en la vida de San Sebastián Lemoa, un anexo o pueblo de visita que perteneció a la Doctrina de Santo Tomás Chichicastenango, probablemente hasta 1753, año en que se inició el proceso de secularización de las doctrinas.

 

La doctrina era una demarcación eclesiástica concedida a una orden religiosa, con fines de administración de la población y de conversión de los indígenas a la fe cristiana.  En términos territoriales, estaba compuesta por una cabecera, el asentamiento principal que era el pueblo escogido como residencia de los religiosos; y por diferentes pueblos de visita o anexos, constituidos por núcleos menores de población que quedaban dentro de la jurisdicción de la doctrina.

 

Formalmente, el responsable de la actividad musical de los pueblos de doctrina era el maestro o fiscal quien, además de ser el organista y el maestro de música, tenía a su cargo la tarea de copiar obras musicales. Tomás Calvo es el fiscal de San Sebastián Lemoa, a quien se atribuye la autoría del manuscrito del Vocabulario quiché.

 

El Vocabulario quiché de Tomás Calvo

 

El original del Vocabulario quiché, de Tomás Calvo, se encuentra en la Universidad de Princeton, Nueva Jersey, en un ambiente cuya solemnidad hace olvidar que la historia del manuscrito está ligada a la tortuosa historia de otros tantos documentos y artefactos del patrimonio cultural guatemalteco que desaparecieron debido a la avaricia de comerciantes y coleccionistas, o ante la destrucción del tiempo o de la inestabilidad política. El manuscrito de Calvo fue adquirido por William E. Gates, quien formó parte de una expedición a Guatemala organizada por Sylvanus G. Morley. Entre 1922 y 1924, Gates desempeñó el cargo de Director General de Arqueología de la República de Guatemala así como el de director del museo de esa dependencia.

 

Esa posición le permitió adquirir un vasto número de manuscritos que luego fueron subastados y vendidos a coleccionistas particulares. Lo que resta de la colección Gates son 797 documentos esparcidos en varias universidades en los Estados Unidos, debidamente catalogados en una compilación publicada hace algunos años. (1)

 

Aunque no se conocen los detalles acerca de la manera en que Gates obtuvo el manuscrito de Calvo, el mismo fue vendido a Robert Garret, un banquero y filántropo de Baltimore, Maryland, alrededor de 1930. En 1942, Garret donó su colección de manuscritos a la biblioteca de la Universidad de Princeton.

 

El vocabulario de Calvo constituye uno de los pocos ejemplos que sobreviven de un manual de conversación en dos idiomas, el k'iché y el español, elaborado por indígenas. Está escrito en cuartillas dobladas por la mitad, y sus dimensiones son de 20 centímetros de alto por 14,5 centímetros de ancho, en promedio. De sus 152 páginas, 134 están dedicadas a la traducción de textos de diversa índole.

 

El manuscrito cuenta, además, con 16 páginas pautadas que contienen 8 composiciones musicales, así como dos páginas de dibujos a tinta, con motivos religiosos, los cuales ponen de manifiesto la sensibilidad plástica y la técnica elaborada de algunos de los fiscales del altiplano guatemalteco.

 

El Repertorio de San Sebastián Lemoa

 

En el presente trabajo hemos denominado como “El Repertorio de San Sebastián Lemoa” a las composiciones contenidas en el vocabulario descrito anteriormente, las cuales están escritas para tres o cuatro voces y bajo continuo. La primera, es un villancico dedicado al Apóstol San Pedro, y le siguen un Agnus Dei, dos composiciones eucarísticas, una composición dedicada a la Asunción de la Virgen, una al Pentecostés y dos restantes que se refieren a temas de la doctrina cristiana en general.

 

Aun cuando están fechadas en 1726, bastante avanzada la época barroca, las composiciones contenidas en el Vocabulario quiché exhiben características del anterior estilo renacentista, junto con rasgos de la escuela barroca. Esto refleja aptamente las particulares cualidades de su hibridación estilística, pues las ocho composiciones se sitúan entre la polifonía imitativa, propia del Renacimiento ibérico tardío; y el coral de armonía vertical, de filiación barroca hispánica.

 

En términos generales llama la atención la forma en que las partituras fueron anotadas o copiadas, la que denotaría prisa o descuido por parte del copista. Algunos errores básicos aparecen corregidos posiblemente por otra mano, en tanto que otros, como la existencia de seis líneas en vez de las cinco del pentagrama en uno de los casos, fueron dejados sin corregir o no fueron considerados como tales. 

 

A pesar de ello, el estado de integridad de cinco de las composiciones es aceptable, aunque el copista no terminó de escribir la parte del bajo en una de ellas. Otra de las composiciones está escrita solamente a tres voces, lo que deja abierta la posibilidad de suponer que una cuarta voz haya sido omitida por el copista o que la misma se haya extraviado.

 

Aunque no existen indicaciones respecto del acompañamiento, ni tampoco referencias a los instrumentos que deberían emplearse para el mismo, la mención que el vocabulario hace de arpas, guitarras, monocordios, clavicordios y marimbas, nos conduce a asumir que dichos instrumentos eran utilizados para acompañar la ejecución de estas composiciones.

 

El vocabulario de Calvo también hace mención de instrumentos como clarines, trompetas, flautas y chirimías, así como de diversos instrumentos de percusión. La evidencia más precisa que se tiene sobre la utilización de instrumentos para bajo continuo, así como de instrumentos melódicos y de percusión junto a las voces del coro en la actividad musical de las doctrinas en Guatemala, viene a ser una de las descripciones incluidas en el vocabulario de Calvo:

 

En la Iglesia están tocando muchos géneros de instrumentos y son con cajas de guerra, tambores, cascabeles, sonajas, y en el coro cantando los cantores en órgano, (2) [con] arpa, con bajón, bajoncillo, [y] cornetilla.

 

Esta edición contiene seis de las ocho composiciones del Repertorio de San Sebastián Lemoa, junto a dos piezas del Repertorio de San Miguel Acatán y dos composiciones dedicadas al Apóstol San Pedro, de Rafael Antonio Castellanos.


Notas sobre la grabación

 

El registro sonoro del presente disco tuvo lugar de una manera que, en Guatemala, es ciertamente excepcional.  En primer término, porque las partituras musicales contenidas en el Vocabulario quiché de Tomás Calvo eran prácticamente desconocidas para la musicología latinoamericana hasta 1998, cuando fueron publicadas en su primera transcripción moderna.  Por otra parte, salvo por los manuscritos encontrados en Huehuetenango durante la década de los sesenta (una parte de los cuales se encuentra registrada también por la Cantoría de Tomás Pascual en “El Repertorio de San Miguel Acatán”, Pajarito Discos 50294-1), no se sabe aún de otras partituras originales de música colonial guatemalteca del área rural.

 

Adicionalmente  -y aun cuando en otras partes del mundo, las grabaciones de música antigua se efectúan normalmente en directo-,  hasta la fecha todas las que se han hecho en Guatemala, habían sido realizadas dentro de estudios diseñados para la producción de música comercial.

 

El Repertorio de San Sebastián Lemoa, si bien no pudo librarse por completo de algunos de los recursos de edición y procesamiento de la tecnología contemporánea, fue grabado en directo en la capilla de la Virgen del Socorro de la Catedral Metropolitana, y en la nave del Santuario de Guadalupe, de la ciudad de Guatemala.  Como instrumentos de teclado se utilizó un clavecín y el órgano tubular del coro del Santuario.  La falta de mantenimiento de éste último, así como la inconveniente ubicación del compresor de aire que alimenta su fuelle, son discernibles en la versión para órgano solo de “Sube triunfante Señora”, y constituye apenas uno de los múltiples obstáculos y contrariedades logísticas que fue preciso sobrellevar, además del ruido urbano nocturno que es perceptible a lo largo del disco.

 

Como propuesta interpretativa de lo consignado en crónicas de la naciente historia colonial, también se empleó una marimba, para que actuara como bajo continuo en “Lindo convite” y “Resuelto en lenguas de fuego”.  Al mismo tiempo, por afinidad con el espíritu de esta música, en “Hola zagales del valle” nos hemos permitido enriquecer la relativa brevedad de los originales por medio de unas glosas, cuya autoría se debe al maestro Jorge Pellecer.  Igualmente se deben a él y a su profundo conocimiento de estilo, las modificaciones, o variaciones, que se escuchan en la versión para teclado, de “Lindo convite” y de “Sube triunfante Señora”.

 

Por aparte, las alternancias instrumentales y vocales, en tonadas tan particulares como la de “Los desagravios despican”, obedecen  -siempre en coherencia con la apropiada usanza-  a las diversas posibilidades de ejecución que ofrecen las partituras.

 

Finalmente, se consideró oportuno completar el presente registro con dos sucintas referencias al repertorio de Huehuetenango, “Dominus regnavit” y “Salamanca”, en versión para cuatro flautas dulces, así como dos villancicos de Rafael Antonio Castellanos, “Es la fe de Pedro” y “Jilguerillos acordes”, que se hallan incluidos en función comparativa con la música del repertorio de Lemoa, en especial por su relación temática con “Hoy de Pedro cantemos”. Además, se consideró interesante mostrar las diferencias entre las composiciones de Castellanos, quien fuera maestro de capilla de la metrópoli de la Capitanía General de Guatemala, frente a la elaboración polifónica y la complejidad poética de un pequeño pero asombroso repertorio de la provincia guatemalteca.

 

(1) Weeks, John M., Mesoamerican History in United States Libraries (Culver City, California: Labyrinthos, 1990).

(2) “Canto en órgano” era el término utilizado en el siglo XVI para designar a la polifonía.